Hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos. A veces remamos tan duro que por las noches los brazos cansados de nuestras almas ni siquiera se animan a intentar un abrazo. Otras veces las cartas del destino nos tocan "full house", y largamos nuestro anzuelo tratando de disimular el gesto de triunfo.
Todas las noches rezamos tácitamente a nuestros múltiples dioses, pidiendo que los vientos contrarios no soplen mas duro de lo que somos capaces de sostener la sonrisa en nuestros labios. Muy pronto el sol nos ilumina de nuevo y nos descubre vueltas a armar. Cada día se construye de a uno, de cero, con la certeza de nada, pero la seguridad indescriptible del todo. Desde que estamos juntas somos así, efímeras pero eternas.
La miro dormida junto a mi y me doy cuenta de que hay sabiduría que solo la otorga el amor.