domingo, 16 de noviembre de 2025

VI

Está es mi sentencia,

Tan definitiva

Que masacra el destino.

Flechazo de fuego en las mejillas

Digo, y sigo,

Porque cuando te encuentro 

Siempre desconfío.


Te inhalo como veneno

Tu nombre y tu apellido

Y con vehemencia,

Te bendigo

Sentada en el borde 

De una falsa cordura,

Coronada

De todos los amaneceres

Que no volveremos a compartir.


Y anticipo nuestras pieles tocandose,

Finalmente.

Un momento en donde todo lo que duele 

se silencia, 

y lo que vibra, florece. 

Donde el tacto no es solo piel, 

sino lenguaje.

Y la complicidad, un refugio que arde.


Entonces, despierto.