Está es mi sentencia,
Tan definitiva
Que masacra el destino.
Flechazo de fuego en las mejillas
Digo, y sigo,
Porque cuando te encuentro
Siempre desconfío.
Te inhalo como veneno
Tu nombre y tu apellido
Y con vehemencia,
Te bendigo
Sentada en el borde
De una falsa cordura,
Coronada
De todos los amaneceres
Que no volveremos a compartir.
Y anticipo nuestras pieles tocandose,
Finalmente.
Un momento en donde todo lo que duele
se silencia,
y lo que vibra, florece.
Donde el tacto no es solo piel,
sino lenguaje.
Y la complicidad, un refugio que arde.
Entonces, despierto.
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