domingo, 16 de noviembre de 2025

VI

Está es mi sentencia,

Tan definitiva

Que masacra el destino.

Flechazo de fuego en las mejillas

Digo, y sigo,

Porque cuando te encuentro 

Siempre desconfío.


Te inhalo como veneno

Tu nombre y tu apellido

Y con vehemencia,

Te bendigo

Sentada en el borde 

De una falsa cordura,

Coronada

De todos los amaneceres

Que no volveremos a compartir.


Y anticipo nuestras pieles tocandose,

Finalmente.

Un momento en donde todo lo que duele 

se silencia, 

y lo que vibra, florece. 

Donde el tacto no es solo piel, 

sino lenguaje.

Y la complicidad, un refugio que arde.


Entonces, despierto.






domingo, 28 de septiembre de 2025

General Paz

Hablaba con una amiga sobre la idea de mudarme, le dije que amaba córdoba y que si un dia me voy, es ahí. Le dije que me gustaba el barrio General Paz, y automáticamente pensé en la vez en que a otra amiga también le conté esto con un tono de maravillada y me respondió: “Ah, sí... General Paz.” Y nada más. No preguntó nada. Y yo, por algún motivo, tampoco lo conté.

No llegué a exponer mis razones, no le dije que me enamoré de ese lugar como quien se enamora de alguien que apenas conoce pero ya intuye.

Porque el sol, cuando cae, acaricia las veredas con la misma tibieza con la que acariciaba mi infancia en Tucumán.

Porque las casas antiguas se parecen a las de Barrio Sur.

Porque hay árboles grandes que dan sombra como las siestas en el patio de mi madrina.

Porque la gente es mayor, como en el barrio donde crecí. Y yo crecí entre viejos: entre sus cuentos, sus horarios lentos, su forma de existir con pausa.

Porque una vez conocí un bar ahí en General Paz, lo atendía un chico que sabía hacer cerveza pero no sabía tener un bar. Así que convirtió el garage de su casa en un sueño. Solo cerveza, sin comida. Si querés comer, traés tu tupper. Y la gente lo hace.

Porque al frente de ese bar hay otro, peruano, que parece una ventana a Cuzco y en la esquina otro más, para artistas, donde se come y se toma parado cuando ya no quedan mesas disponibles, y se baila en la calle sin pudor.

Porque en la plaza hay un carrusel de dos pisos que casi nunca está encendido, pero cuando lo está parece una postal de lo imposible.

Porque hay callejones de adoquines que esconden rincones como sacados del estómago de una película italiana de los 60s.

Porque cuando cruzás el puente y ves el barrio a tus pies, coronado por las margenes del río, sentís que llegaste a casa, aunque todavía no hayas vivido ahí.

A veces una piensa que compartiendo lo que ama, el otro también va a ver las luces que una ve, con ese mismo brillo. Pero no siempre pasa.

Y entonces se hace el click:

“Estoy sola en esto.”

Y está bien. Porque en ese pequeño rincón de soledad, también hay algo que es solo tuyo. Y que nadie puede quitarte.



martes, 16 de septiembre de 2025

Romantizar

No decido aún si me gusta o no la palabra "romantizar", pero comprendí no hace mucho que eso es lo que hago con vos, que en mi cabeza reescribo la historia exagerando los detalles y creyendo que tal vez no fue un amor unilateral. Que me quisiste y que todavía me querés, y que todavía decís mi nombre de vez en cuando con el cariño de la nostalgia, como la cicatriz de los raspones en las rodillas de la infancia, como esas cosas que dolieron pero significan vida y que al repasar en recuerdo nos brindan bocanadas de un aire fresco, lejano y breve, parecido al de la primavera cuando desplaza al invierno.


Un día existimos de a dos: sobre, o entre, o a través, ya no importa. Pero me agrada imaginarnos en todas las preposiciones que como no-fuimos se construyen en los suspiros de lo que podríamos haber-sido, y luego se derrumban porque nada las sostiene.


Siento que te anhelo como se anhela lo que está incrustado en la memoria disfrazado de una perfección utópica: los mates, la cerveza, los pies descalzos, manos frías, lluvia, cartas, o cualquier septiembre eterno con su perfume de azahares que siempre me obliga a volver a homenajear que exististe en mi, que me incrusta en el pecho la sensación persistente de no querer que te vayas nunca, de que te quieras quedar. 


Pero no estás, y yo tampoco quiero estar. Quiero dejar de sentirme chivo expiatorio de ausencia, quiero adoptar la posición de huída

para nunca terminar de reconocer que lo que en realidad extraño es una versión tuya (y mía) que ya no existe:  Que extraño atravesar la ciudad a horas ilógicas solo para dormir con vos, escucharte hablar con pasión de todo lo que te gusta -hasta de mi-. 

Extraño el caos de tu habitación y de tus sábanas, y por sobre todo extraño tener la esperanza de que me extrañes también.

domingo, 14 de septiembre de 2025

XIII

Tengo una angustia que no se va

Que la sostiene

Todos mis traumas,

Todos mis muertos,

Todos mis huesos.


Tengo una angustia 

Inquebrantable

Arco romano,

Diamante,

Incendio.


Tengo una angustia y

Siempre susurra

Distintos nombres,

Sueños truncados,

Algun no puedo

Y se acurruca 

En lo profundo

De alguna calle del pensamiento;


Es gato arisco que

Escapa ileso,

Vive corriendo


Tengo una angustia

Y no te miento 

A veces quisiera

Perderla un poco,

Para encontrarme.


XVII

A veces

el alma se descalza sin aviso

y se sienta en el borde de la cama

a mirar la vida como si fuera ajena.


A veces

lo vivido pesa más que lo que queda por vivir,

y el cuerpo joven parece cargar con siglos

de historias dichas, rotas, roídas hasta el hueso.


Y sin embargo,

hay algo que no se apaga.

Una hebra tenue,

una brasa escondida entre las ruinas del día.

No es esperanza,

no es fe,

no es mandato.

Es apenas el murmullo de un balcón en otoño,

el eco de una risa que te habitó,

el recuerdo de una voz,

y entonces abrís los ojos

aunque no quieras


No estás obligada a correr.

No estás obligada a brillar.

No estás obligada a entenderlo todo.


Estás.

Y eso, amor mío, a veces es más que suficiente.

miércoles, 2 de abril de 2025

Los nadie

Los nadie se alzan temprano

Castiga la frente el viento

Las manos estrechan tierra

Los labios besan el suelo


Mastican aire los nadie

Silban al cielo deseos

La panza llena de sueños

La piel curtida de anhelo


Cierran los ojos los nadie

El descanso no es alivio

Es pausa o es anestesia

De ser nadie,

breve exilio


Pero si faltan los nadie

Los todo, son menos todo

Porque los todo son todo

Siempre que el nadie es muy nadie