martes, 16 de septiembre de 2025

Romantizar

No decido aún si me gusta o no la palabra "romantizar", pero comprendí no hace mucho que eso es lo que hago con vos, que en mi cabeza reescribo la historia exagerando los detalles y creyendo que tal vez no fue un amor unilateral. Que me quisiste y que todavía me querés, y que todavía decís mi nombre de vez en cuando con el cariño de la nostalgia, como la cicatriz de los raspones en las rodillas de la infancia, como esas cosas que dolieron pero significan vida y que al repasar en recuerdo nos brindan bocanadas de un aire fresco, lejano y breve, parecido al de la primavera cuando desplaza al invierno.


Un día existimos de a dos: sobre, o entre, o a través, ya no importa. Pero me agrada imaginarnos en todas las preposiciones que como no-fuimos se construyen en los suspiros de lo que podríamos haber-sido, y luego se derrumban porque nada las sostiene.


Siento que te anhelo como se anhela lo que está incrustado en la memoria disfrazado de una perfección utópica: los mates, la cerveza, los pies descalzos, manos frías, lluvia, cartas, o cualquier septiembre eterno con su perfume de azahares que siempre me obliga a volver a homenajear que exististe en mi, que me incrusta en el pecho la sensación persistente de no querer que te vayas nunca, de que te quieras quedar. 


Pero no estás, y yo tampoco quiero estar. Quiero dejar de sentirme chivo expiatorio de ausencia, quiero adoptar la posición de huída

para nunca terminar de reconocer que lo que en realidad extraño es una versión tuya (y mía) que ya no existe:  Que extraño atravesar la ciudad a horas ilógicas solo para dormir con vos, escucharte hablar con pasión de todo lo que te gusta -hasta de mi-. 

Extraño el caos de tu habitación y de tus sábanas, y por sobre todo extraño tener la esperanza de que me extrañes también.

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