domingo, 14 de septiembre de 2025

XVII

A veces

el alma se descalza sin aviso

y se sienta en el borde de la cama

a mirar la vida como si fuera ajena.


A veces

lo vivido pesa más que lo que queda por vivir,

y el cuerpo joven parece cargar con siglos

de historias dichas, rotas, roídas hasta el hueso.


Y sin embargo,

hay algo que no se apaga.

Una hebra tenue,

una brasa escondida entre las ruinas del día.

No es esperanza,

no es fe,

no es mandato.

Es apenas el murmullo de un balcón en otoño,

el eco de una risa que te habitó,

el recuerdo de una voz,

y entonces abrís los ojos

aunque no quieras


No estás obligada a correr.

No estás obligada a brillar.

No estás obligada a entenderlo todo.


Estás.

Y eso, amor mío, a veces es más que suficiente.

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