domingo, 28 de septiembre de 2025

General Paz

Hablaba con una amiga sobre la idea de mudarme, le dije que amaba córdoba y que si un dia me voy, es ahí. Le dije que me gustaba el barrio General Paz, y automáticamente pensé en la vez en que a otra amiga también le conté esto con un tono de maravillada y me respondió: “Ah, sí... General Paz.” Y nada más. No preguntó nada. Y yo, por algún motivo, tampoco lo conté.

No llegué a exponer mis razones, no le dije que me enamoré de ese lugar como quien se enamora de alguien que apenas conoce pero ya intuye.

Porque el sol, cuando cae, acaricia las veredas con la misma tibieza con la que acariciaba mi infancia en Tucumán.

Porque las casas antiguas se parecen a las de Barrio Sur.

Porque hay árboles grandes que dan sombra como las siestas en el patio de mi madrina.

Porque la gente es mayor, como en el barrio donde crecí. Y yo crecí entre viejos: entre sus cuentos, sus horarios lentos, su forma de existir con pausa.

Porque una vez conocí un bar ahí en General Paz, lo atendía un chico que sabía hacer cerveza pero no sabía tener un bar. Así que convirtió el garage de su casa en un sueño. Solo cerveza, sin comida. Si querés comer, traés tu tupper. Y la gente lo hace.

Porque al frente de ese bar hay otro, peruano, que parece una ventana a Cuzco y en la esquina otro más, para artistas, donde se come y se toma parado cuando ya no quedan mesas disponibles, y se baila en la calle sin pudor.

Porque en la plaza hay un carrusel de dos pisos que casi nunca está encendido, pero cuando lo está parece una postal de lo imposible.

Porque hay callejones de adoquines que esconden rincones como sacados del estómago de una película italiana de los 60s.

Porque cuando cruzás el puente y ves el barrio a tus pies, coronado por las margenes del río, sentís que llegaste a casa, aunque todavía no hayas vivido ahí.

A veces una piensa que compartiendo lo que ama, el otro también va a ver las luces que una ve, con ese mismo brillo. Pero no siempre pasa.

Y entonces se hace el click:

“Estoy sola en esto.”

Y está bien. Porque en ese pequeño rincón de soledad, también hay algo que es solo tuyo. Y que nadie puede quitarte.



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